Tejedorxs y subversivxs

Isis Saz

Resumen


Desde que Rozsika Parker publicase en 1984 el libro The Subversive Stitch: Embroidery and the Making of the Feminine, han pasado ya treinta y cuatro años. Parker ponía el foco en las prácticas artísticas relacionadas con el tejido y con el bordado, que habían sido categorizadas y relegadas al terreno de la artesanía, de lo decorativo y de lo doméstico. Se analizaba el recorrido en el que el sistema del arte había desechado este tipo de creaciones únicamente por la técnica utilizada y los materiales usados, atendiendo también la carga simbólica de haberse definido como “modos de hacer femeninos”. En los años setenta había surgido un interés especial en la recuperación de procesos que encontrándose casi desaparecidos por la irrupción de la industria textil, rescataban del olvido, no solamente conocimientos técnicos, sino espacios de encuentro y colaboración que permitían repensar los modos de organización social. A finales de los ochenta es cuando comenzará un interés ascendente por reencontrar nuevos modos de acción, en los que hay una mirada crítica hacia aspectos vinculados al entorno doméstico, y donde se expone la necesidad de releer, transmutar y significar los roles, espacios y estereotipos del sistema patriarcal. Hay un análisis de esa deriva hacia los años noventa, donde habrá una puesta en práctica de muchas revisiones de la historia del arte. Cuando entramos en el s. XXI la expansión de la red de internet permitirá un nuevo movimiento de artistas que replantearán nuevos modos de hacer y pensar de manera global. Betsy Greer acuñará en 2003 el término “craftivism (craft+activism)” para dar nombre a aquellas manifestaciones que venían trabajando en la búsqueda de lugares comunes y de encuentro entre arte y activismo desde la reivindicación del “low art” como forma de reconstrucción y cambio de las sociedades desde espacios alternativos.

El dossier Tejedorxs y subversivxs se presenta como un lugar de visibilización y estudio de prácticas relacionadas con el arte de acción, el arte textil y el craftivismo, que han venido sucediendo en estos años, en una nueva red globalizada que se expande tejiendo nuevas tramas y urdimbres y siendo la propia acción de tejer, bordar o coser la que prevalece a veces por encima del objeto tejido, que es nexo también de nuevas relaciones y experiencias desde las que podemos comprender, habitar y transformar el mundo.

El análisis académico sobre el textil no ha tenido hasta ahora un espacio propio, queda mucho trabajo por realizar en cuanto a nuevos modos de investigar desde el arte y desde la práctica. Jessica Hemmings lanzaba la pregunta en 2010, sobre si es necesaria una teoría sobre el arte textil, proponiendo formatos como la ficción o publicaciones no académicas como fuentes para la construcción de un espacio de crítica y como herramientas para poder delimitar nuevos territorios de investigación. De modo similar en el ámbito de las artes escénicas y el arte de acción se están desarrollando prácticas de investigación que cada vez cobran más autonomía. En este dossier se muestran textos de investigación, así como presentaciones de proyectos y obras artísticas que producen un marco común.

Elisabetta Balasso propone un lenguaje revelador, el TxT (textil- textual- contextual). Bordar, tejer y coser “aquello que no puede explicarse” mostrando acciones recientes de craftivismo en Venezuela. A su vez, Geraldine Guerrero y Benjamín Castro se acercan a lo performativo con la acción Velo Negro realizada en México, compartiendo también esa vinculación del tejido con los cuerpos desaparecidos. Ese recordatorio que nos hace volver al origen del rito y del acto de tejer como elemento de conexión con lo ancestral y para hacer volver a la vida a lxs que ya no están con nosotrxs. Gabriela Bernal, en una acción poética, transforma esa dualidad entre la vida y la muerte en contacto directo con la naturaleza. Ella es la tejedora, la que se mimetiza con el tejido y la que a través del canto une también esa parte de la tradición oral extinguida, en un intento de rescate simbólico que marca fuertemente con los hilos y los nudos.

En el texto sobre la obra de Marcela Cernadas, Aurora Villalobos traduce ese lugar de revisión de la figura de Penélope y cómo la simbología del tejido se reconfigura en actualizaciones de los mitos. Marina Fernández nos desplaza desde el espacio de lo doméstico a la esfera pública en proyectos que llevan el color hacia el lugar común uniendo generaciones y Silvio de Gracia también investiga sobre acciones y obras basadas en el cuerpo, que han cuestionado los espacios de lo doméstico en relación al tejido, haciendo patente esa fragilidad entre lo público y lo privado. La parte más ambigua de la relación con el textil y lo doméstico es revisada por Laurita Siles, que viaja en el tiempo para rescatar un sistema de trabajo realizado por mujeres en el entorno rural que producían desde su hogar para la industria, el llamado putting out system.

El tejido envuelve el cuerpo y también es cuerpo. ¿Qué tiene la práctica de tejer que traspasa transversalmente la historia? La transmisión de este tipo de arte se ha realizado siempre a través de la enseñanza “cuerpo a cuerpo”. En la era del post-internet, una nueva generación que entiende la presencialidad de los cuerpos de una forma renovada ha posibilitado que sigamos conociendo los tejidos. Al igual que otras artes como la danza o la música, el arte textil se ha conservado en su gran mayoría gracias a esa memoria corporal, muchas veces preservada por la tradición familiar y/o cultural. También, parte esa memoria se ha desvanecido para siempre porque ya no quedan personas que sepan activar esos objetos o que recuerden cosas de ellos, queda lo inerte y solo podemos tratar de imaginar fragmentos de ese enigma que muchos tejidos conservan.

La textura y el rastro de lo humano queda impreso en las fibras, siendo testimonio de una vida en movimiento y en constante transformación. Artistas como Celia Pym - entrevistada por Carolina Martínez-, exploran esa parte del tejido, y devuelven a las prendas de ropa esa vida que les falta. Los gestos singulares de cada persona no permanecen, sin embargo, podemos imaginarlos y conocer su historia a través de lo que han llevado como una segunda piel. Las polillas, insectos y el tiempo harán que ese tejido poco a poco desaparezca, pero quedará siempre la huella. ¿Quién ha usado esa ropa? ¿Quién la hizo? ¿Cómo se movía? De modo similar, Esther Belvis en su obra I do not remember: an embroidered autobiography, utiliza el bordado como instrumento para hacer aflorar la memoria de lo vivido, al igual que se observa en la obra de Leonilson, en ese tránsito de la memoria y la autobiografía del cuerpo analizado por Yuji Kawasima.

Hay una necesidad primaria de “hacer con las manos” y de retorno al plano de lo físico, que se ha visto ampliada justo cuando pensábamos que lo virtual nos podía hacer perder ese instinto, pero las extremidades son nuestro contacto con el mundo, exploramos a través de ellas. En la oscuridad, desprovistos de la mirada, son siempre las manos las que buscan para reconocer, para situarnos y para comprender.

El tejido ha estado valorado dentro de la historia del arte como una artesanía, no elevable a la categoría de arte. Como indicaban Griselda Pollock y Rozsika Parker, en Old Mistresses.Women,art and ideology, se debería plantear una revisión global que no solamente recupere las figuras de las artistas que no han tenido visibilidad ni reconocimiento en la historia del arte, sino que argumente cuales han sido las bases para seleccionar y para sesgar aquellas formas que se separaron en base a determinadas estructuras que consolidaban el patriarcado del sistema artístico. Leyla Dunia conversa también en este dossier con María Gimeno, que ha llevado a la práctica artística todas estas cuestiones a través de la performance y del arte visual/objetual y Pamela Pazmiño plantea un desglose de parte de ese camino que se recorre desde los años sesenta hasta la actualidad. 


Palabras clave


Tejido, bordado, arte acción, craftivismo, crítica,

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Referencias


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