Editorial

Clara Zarza

Resumen


La representación del mundo del artista, sus espacios privados, las personas de su entorno, así como su propio autorretrato, tiene una larga tradición en las artes visuales. Sin embargo, la utilización de material personal como estrategia artística, su identificación con el género autobiográfico y la aceptación de este por el mundo del arte institucionalizado han venido marcadas por las prácticas que se desarrollaron en los años 1960, 1970 y 1980, fundamentalmente por aquellas ligadas a los movimientos de liberación de la mujer en Europa Occidental y América del Norte. A partir de la década de 1990, en cambio, la exploración del material personal y las fórmulas autobiográficas en las artes visuales se conforman como parte de un panorama más amplio de interés por las narraciones en primera persona. Tanto en el ámbito académico como en el periodístico se recurre crecientemente a la narración de historias individuales y a aquellos documentos englobados por lo que el historiador Jacques Presser llamó «ego-documents» (aquellos textos en los que el sujeto en primera persona resulta central). En el ámbito literario a menudo se ha descrito este como el momento del memoir boom por el enorme éxito de textos autobiográficos en el mercado literario. Asimismo, la cultura del entretenimiento se enfocará crecientemente en la presentación de historias «reales» y personales, en cine y televisión, pero también en literatura. Por tanto, los años noventa son el momento en el que surgen un sinfín de productos culturales relacionados con la narración en primera persona, pero también el momento en el que se afianza y desarrolla gran parte de la teorización y las críticas revisionistas del género autobiográfico.


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